Baño frío para sanos.

a. Baño completo y frío para sanos.

Por diferentes conductos se me han dirigido observaciones, haciéndome notar que el uso del agua fría ocasiona disminución de calor y que aquella es altamente perjudicial a las personas anémicas y ocasionada siempre a producir irritación en los nervios.

Convengo en ello si se trata de las rudas prácticas a que anteriormente aludo; pero los baños que yo prescribo, son aplicables principalmente a los sanos en todo tiempo, lo mismo en invierno que en verano, y puedo sostener que contribuyen poderosamente a fortalecer y conservar la salud; acrecientan la actividad cutánea, refrescan, reaniman y fortalecen todo el organismo. Respecto del número, en invierno deben tomarse dos baños por semana a lo sumo; generalmente basta uno cada ocho dias y en muchos casos cada quincena.

Réstame hacer una observación importante.

Uno de los medios más seguros para conservar la salud consiste en acostumbrar la naturaleza a soportar el calor y el frío, a resistir los más bruscos cambios de temperatura. Desgraciado de aquel que siente la influencia del más ligero vientecillo, cuya garganta y pulmones se resienten al menor cambio de tiempo y que no tiene ocupación más importante que observar la dirección de la veleta. El árbol criado a la intemperie resiste lo mismo el calor que el frío, la calma que la tormenta; el hábito le ha endurecido. El que se acostumbre a tomar nuestro baño será robusto como el árbol criado al aire libre.

La idea de la pérdida de calor es como la pesadilla que infunde a muchos pavor y miedo ante los tratamientos con agua fría. El frío, se dice, debilita por necesidad si no le sigue inmediatamente la reacción contraria. En esto estamos de acuerdo; pero es el caso que los baños de agua fría, tal como yo los prescribo, lejos de robar calor, le conservan y fomentan, aparte el activo ejercicio que taxativamente se ordena hacer a continuación de todo tratamiento con agua fría. Nadie me negará que si un hombre enfermizo y debilitado por la falta de ejercicio, hasta el punto de no osar en invierno salir a la calle sino en caso de necesidad extrema, por medio de los baños o de cualquier tratamiento con agua fría se fortalece de tal forma que desafia al calor y al frío, y se vuelve insensible a los más rudos temporales, ha debido también acrecentar su calor natural. Es ridículo suponer que todo esto sea ilusión y farsa.

Corroboraremos esto con un ejemplo entre mil que podríamos citar.

Un caballero que pasaba de los 60 años tenía verdadero horror al agua. Al salir de casa ponía especialísimo cuidado en no olvidar alguna de las muchas piezas con que se abrigaba: porque semejante descuido podía acarrearlo catarros y toda clase de males. Sobre todo le infundía espanto la idea de que pudiera enfriarse el cuello, y no había ya cómo resguardarle del aire y que cuidados prodigarle. Pero el «bárbaro» doctor le tendió un lazo y con una fruición maligna le ordenó que tomase los baños fríos, tal como queda indicado. El infeliz obedeció como un autómata. Y en buena hora lo hizo, porque su obediencia obtuvo un premio para él inesperado. Al cabo de algunos días pudo despojarse de la primera envoltura; toda la interminable serie de camisas y camisetas de lana y de flanela fueron desapareciendo y el mismo camino siguieron los pañuelos y corbatines que atormentaban el cuello. Con el tiempo llegó a considerar perdido el día en que no tomaba su baño de agua fría: tan grande era el bienestar que sentía, bajo su influencia, y tan insensible se había hecho a los rigores del tiempo. Lo más extraño es que aún en el mes del Octubre solía bañarse en el río, a la hora del paseo, porque el agua fría de la corriente le parecía más agradable que la del baño que tenía en casa.

He aquí los principales puntos que han de tenerse en cuenta para tomar estos baños.

¿En qué estado o disposición ha de estar el cuerpo, de una persona sana, para poder tomar con fruto dichos baños?

¿Cuál debe ser su duración, para la misma clase de personas?

¿Cuál es la época del año más apropósito para comenzar este tratamiento reconstituyente?

El uso de baños fríos exige, como condición precisa, que todo el cuerpo tenga una temperatura normal, caliente.

Se halla en tal estado el que por el trabajo, o por el ejercicio o por haber permanecido en una habitación caldeada tiene todo su cuerpo igualmente saturado de calor.

El que sienta frío, principalmente en los piés, o tenga escalofríos, debe abstenerse de tomar esta clase de baños en tal estado; hasta tanto que por el ejercicio etc., haya recobrado el calor normal.

Por el contrario: el que, en buena salud, esté sudando, o acalorado, aunque se halle empapado en sudor, puede tomar tranquilamente nuestro baño.(*) (*) El que se haya mojado por efecto de la lluvia debe abstenerle del baño, porque seguramente le sentaría mal. También precisa que los vestidos que se pongan después del baño estén completamente secos.

Personas juiciosas y de gran experiencia consideran altamente perjudicial tomar un baño frío estando el bañista acalorado o sudando. Y sin embargo no hay cosa más inocente. Aun más; no titubeo en sentar el principio siguiente, comprobado por una larga experiencia: cuanto más copioso sea el sudor, tanto más eficaz será el baño.

Innumerables personas que creyeron sucumbir de un ataque apoplético a consecuencia de tan «bestial tratamiento», perdieron todo miedo y todo recelo después de una sola prueba.(**) (**) Véase en la tercera parte el artículo que trata del «Sudor».

¿Hay alguien que, al regresar a casa sudando, aunque el liquido salado le caiga por el rostro gota a gota y los dedos se peguen unos a otros, como con engrudo, tenga temor ni reparo de lavarse las manos y la cara, y aún el pecho y los piés? Absolutamente nadie; porque todo el mundo siente que eso le conforta y alivia. Siendo asi, ¿por qué no ha de producir el baño el mismo efecto en todo el cuerpo? Cómo se comprende que una cosa que sienta bien a las partes y las produce beneficio, haya de ser tan dañina y perjudicial al todo?

Efectivamente; se observa que muchos, que estando en sudor, han pasado de repente, a una atmósfera fría o se han expuesto a una corriente de aire fresco, con frecuencia se han acarreado enfermedades graves, no pocas veces mortales, de donde viene, sin duda, la idea errónea de que los baños perjudican si se toman sudando.

Yo voy mas adelante y concedo que muchos, al meterse sudando en agua fría, se han buscado los gérmenes de graves dolencias. ¿Pero quien es el verdadero causante de esto? ¿el sudor o el baño frío? Ninguno de los dos. Como en todas las cosas de la vida, no está aquí la dificultad principal en el qué, sino en el cómo; por consecuencia en la manera de hacer uso del agua fría estando en sudor. El loco furioso puede causar incalculables desgracias con un simple cortaplumas; así la imprudencia o la falta de buen sentido puede hacer dañino el remedio más beneficioso. Lo censurable es, en tales casos, que se condene lo bueno y no los abusos que con ello se cometen.

Como quiera que sea, todo depende de la buena o mala aplicación del tratamiento; pero el que no obedezca mas que a su capricho, que se atenga a las consecuencias, de las que él solo es culpable.

Voy a contestar a la segunda pregunta, relativa a la duración del baño frío para sanos.

Un caballero a quien había prescrito dos de estos baños semanales, se me presentó al cabo de quince días lamentándose de que había empeorado mucho su estado, y que parecía un carámbano. Su aspecto era efectivamente lastimoso, y no se me idealizaba de donde podía provenir aquello. Al preguntarle si se había atenido, en un todo, a mis instrucciones, me contestó: «Sin apartarme de ellas un ápice; aún he hecho más de lo que V. me ha ordenado; en lugar de uno he permanecido en el agua cinco minutos; pero después no he podido entrar en reacción.» Desde aquel día enmendó su grave yerro, y no tardó mucho en recobrar el calor natural perdido.

Este hecho, perfectamente histórico, da por sí solo razón de todos los casos en que el agua produce resultados desfavorables. Bien claramente se ve que no es ella, ni el tratamiento en sí mismo, sino las imprudencias y genialidades de los hombres las que dan esos resultados. Pero es más fácil y más cómodo echar la culpa de todo al agua.

Para tomar el baño frío precisa desnudarse rápidamente y permanecer sólo un minuto en el agua. Si el bañista está sudando se sentará en el baño de modo que aquella le cubra hasta el estómago y al mismo tiempo se lava fuertemente la parte superior. Luego se da un chapuzón hasta el cuello, sale del baño y se viste con igual prontitud, sin enjugarse el cuerpo. El trabajador puede volver acto continuo a sus ocupaciones; cuando no, debe hacerse ejercicio hasta tanto que se haya secado el cuerpo y recobrado el calor normal. Es indiferente que aquel se haga en la habitación o al aire libre; yo prefiero esto ultimo, aún en invierno.

En todo lo que hagas, lector querido, obra racionalmente y nunca traspases la justa medida. Por regla general, nunca deben tomarse más de tres baños completos a la semana.

¿Cuál es la mejor época para tomarlos?

Nunca es demasiado pronto para dar comienzo a la importantísima operación de fortalecer el cuerpo, que es tanto como preservarle de enfermedades o ponerle en estado de defensa. ¡Empieza, pues, hoy mismo, pero no con los tratamientos más duros que podrían hacerte perder el ánimo! Unas cuantas prácticas preparatorias te pondrían en condiciones de poder tomar los baños fríos, si tu constitución es robusta; de lo contrario la preparación debe ser más larga.
Importa mucho no perder esto de vista; sería locura pretender atacar un mal con los más duros tratamientos hidroterápicos, sin haber allanado antes el camino con algunas de las prácticas más sencillas.

Un médico recetó a un enfermo, que padecía de fiebre nerviosa, un paseo de un cuarto de hora por agua fresca. Asi lo hizo el paciente, pero sintió después tal frío que no quiso oir hablar más de semejante baño, contra el que echaba pestes y maldiciones. El doctor creyó cumplida su misión declarando, que del mal éxito de la prueba se deducía que el agua no sentaba bien al enfermo y no era conveniente repetir el tratamiento; y que, por lo demás, la dolencia no tenía remedio. Habiéndome notificado aquella sentencia de muerte, le aconsejé que hiciese una segunda prueba con el agua, pero que sólo permaneciese en ella diez segundos, puramente entrar y salir. El resultado fue muy distinto; en pocos días se curó el enfermo.

Ante hechos de esta naturaleza llegué a imaginarme que se recetaba el uso del agua en esa forma violenta y dura, con el deliberado propósito de hacer que el pueblo cobrase aversión y miedo al nuevo sacamantecas. Tal vez sea esta una de mis muchas rarezas, que el lector benévolo sabrá dispensarme.

Como quiera que sea, todo el que se proponga hacer un ensayo serio de mi procedimiento debe empezar por las sencillas prácticas reconstituyentes, a las que seguirán los lavados completos, que pueden tener lugar por la mañana al levantarse, o mejor antes de acostarse, si el paciente no se desvela con el lavado. Por la noche no se pierde tiempo; por la mañana todo es cuestión de un minuto. Mas en este caso precisa hacer acto continuo un activo ejercicio, o acostarse un cuarto de hora más, hasta secarse y entrar en reacción.

Esta práctica, bien sea diaria, de dos o de cuatro veces semanales, es una preparación excelente para acostumbrarse al baño frío completo. Hágase un ensayo, y se verá que al malestar del primer momento sigue inmediatamente una sensación agradable, y lo que antes causaba temor o recelo será un ejercicio necesario.

Un caballero conocido mío tomó, durante 18 años, todas las noches, un baño completo; aunque nadie se lo había prescrito, jamás quiso abandonar la costumbre; y con razón, porque en todo ese tiempo nunca estuvo enfermo.

Hay otros a quienes probaba tan bien, que no se contentaban con menos que con tres mojaduras nocturnas, siendo preciso que yo interviniese para evitarlo. Pero de todos modos estos hechos prueban que el tratamiento no es tan horripilante ni tan molesto como algunos creen.

El que de veras se proponga fortalecer su organismo y conservar la salud no encontrará remedio más eficaz (*) (*) Más detalles acerca de sus efectos se dan en la 3*. parte, en el capítulo que trata del «sudor».; por consiguiente manos a la obra y nada de vanos propósitos.

Los pueblos vigorosos, las familias y generaciones robustas han tenido en gran estima los baños de agua fría; ahora que la humanidad ha descendido al más bajo nivel en el desarrollo de sus fuerzas físicas ha llegado el momento de volver a las costumbres de nuestros mayores y de abandonar los principios irracionales y antihigiénicos que informan nuestros sistemas pedagógicos, respecto de este particular.

Aún existen familias, y de las más distinguidas por su posición social, que conservan como una tradición el uso del baño, considerándole como uno de los principales factores pata el desarrollo de las fuerzas y, por consiguiente, elemento principal de la educación. No hay, pues, motivos para que nos avergoncemos de nuestra causa.

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