Aplicaciones del Agua

Las aplicaciones del agua descritas en esta primera parte, de que yo he hecho pruebas, son:

En la primera parte se dan a conocer las subdivisiones de cada una de estas aplicaciones; y otras más especiales o usos extraordinarios se explicarán en el lugar oportuno.
En consonancia con el principio fundamental de todas las enfermedades, según el cual éstas se originan por alteraciones de la sangre, ya sea por una circulación anormal y defectuosa, o por haberse mezclado con otras sustancias extrañas, nocivas, que son los gérmenes de la enfermedad, las aplicaciones del agua tienen uno de estos tres fines:

  • Disolver o segregar dichas sustancias
  • Separar o expulsar los gérmenes del mal
  • Vigorizar el organismo

Aplicaciones del agua.

En general, puede decirse que todos los baños de vapor y los baños completos calientes de hierbas cumplen el primero de los expresados fines (disolver o segregar sustancia nocivas); para lograr el segundo se usan las envolturas en sus diferentes formas, y en parte también los baños de regadera y los paños empapados, mientras que para robustecer el organismo se emplean los baños fríos y baños de regadera en sus diferentes formas, en parte los lavados y, por último, todas las prácticas usadas para fortificar la naturaleza.

Para evitar confusiones me abstengo de entrar aquí en más detalles sobre estos puntos.
Como quiera que toda enfermedad reconoce por causa una alteración de la sangre, segun queda indicado, es evidente que una misma enfermedad puede combatirse con diferentes ejercicios o tratamientos hidroterápicos, puesto que todos contribuyen, más o menos, a disolver, segregar sustancias y vigorizar el organismo. Además, ha de tenerse en cuenta, que de ordinario, no se somete al tratamiento tan solo la parte enferma, como la cabeza, los pies o las manos, sino que debe someterse todo el cuerpo, ya que a todos los miembros afluye la sangre enferma; por consiguiente son todos copartícipes en la dolencia; únicamente debe someterse a tratamiento especial o más enérgico el miembro dañado.

Varios ejemplos que se citan en la tercera parte pondrán de manifiesto la necesidad de obrar de la manera indicada.

En todo caso, el que adopte el sistema tal como yo le expongo, no debe considerar las prácticas hidroterapicas como objeto final; en otras palabras, nunca deba someterse a un tratamiento porque le produzca más o menos placer; se acreditaría de necio el que, por un simple alarde de vanidad, tenga siempre a mano los baños de vapor o de regadora, los envoltorios etc. Toda persona juiciosa debe considerar tan sólo las prácticas hidroterápicas como medios para llegar a un fin. Será más afortunado aquel que con la menor cantidad posible de agua logre su objeto, por cuanto la misión de la hidroterapia es ayudar a la naturaleza a recuperar la salud, a devolver al miembro enfermo la actividad perdida; a romper las cadenas del mal, para que, sin impedimento y con su vigor primero, reanude las tareas cotidianas. Una vez cumplida esta mision el médico se retira también gustoso del campo de operaciones.

La observación que acabo de hacer es, por todo extremo, interesante; porque nada hay que contribuya tanto a desacreditar el método hidroterápico como el empleo indiscreto e irracional del agua, y los procedimientos harto severos y rudos. Los que, teniéndose por maestros en este sistema curativo, espantan a los pacientes con sus sempiternas envolturas, sus interminables baños de vapor, capaces de ahuyentar toda la sangre etc., causan innumerables daños, casi siempre de dificil remedio. Eso no puede llamarse método hidroterápico; eso es un sistema de fuerza que deshonra al que le emplea tanto como a los principios en que pretende fundarse.

El que haya adquirido perfecto conocimiento de las virtudes del agua y sepa usarla, en sus innumerables aplicaciones, tendrá siempre a mano remedios que no ceden a ningún otro en eficacia. No hay remedio más elástico y de más variados efectos que el agua. Hace su aparición en la historia de la Creación bajo la forma de globulitos vaporosos, que luego se transforman en gotas, para constituir esas enormes masas de agua que cubren cuatro quintas partes de la superficie de la tierra. Esto es para el hidrópata indicio de que en todo tratamiento, ya se aplique el agua bajo la forma de gotas o de vapor, puede seguirse una gradación de menor a mayor, y que, en ningún caso, ha de amoldarse el paciente al tratamiento, sino que, por el contrario, este ha de ajustarse a las condiciones y circunstancias del primero.


En la acertada elección de las prácticas es donde se da a conocer la habilidad del médico. Ante todo precisa someter al enfermo a un severo reconocimiento, pero evitándole en lo posible toda molestia. Lo primero que saltará a la vista son los padecimientos secundarios o desarreglos accesorios que, cual gérmenes ponzoñosos, brotan del fondo de la enfermedad que, por regla general, nos llevan como por la mano hasta la raíz del mal, dándonos a conocer la dolencia principal. Unas cuantas preguntas bien dirigidas nos ponen de manifiesto los progresos que ha hecho la enfermedad y los estragos que ha ocasionado. Prosiguiendo las observaciones, se verá si el paciente es viejo o joven, de constitución robusta o débil, grueso o delgado, anémico, nervioso etc. Con estos y otros perfiles podemos formar cabal juicio de la enfermedad, y una vez obtenido esto, nos hallamos en condiciones de aplicar el oportuno procedimiento, sin perder jamás de vista este principio: cuanto más suave y benigno sea el tratamiento tanto más eficaces y mejores serán los resultados.

Sentado este principio aun creo oportuno hacer algunas observaciones generales sobre los tratamientos hidroterápicos. Ninguno de los tratamientos que aquí se especifican puede resultar perjudicial, si en su aplicación se observan las reglas establecidas.

La mayor parte de las prácticas se efectúan con agua fría, de manantial, fuente, río etc.; y en los casos a que se alude en el presente trabajo, se empleará agua fría siempre que no se prescriba taxativamente el uso de agua caliente. Respecto de este particular me atengo al principio: cuanto más fría el agua, tanto mejor; asi es que en invierno, si se trata de personas que gozan de salud, añado nieve al agua destinada a baños de regadera. El procedimiento no tiene nada de duro, atendida la corta duración de todas las prácticas que se hacen con agua fría. Por lo demás, no soy inexorable; si bien tengo la convicción de que, una vez ensayado el procedimiento, se le cobra cariño, o por lo menos desaparecen las preocupaciones.

En efecto; las moscas se cazan con miel, no con sal ni con vinagre. Del propio modo a los profanos en el arte hidroterápico, a los débiles, a los niños y ancianos; a los enfermos, nerviosos y anémicos; a todos aquellos, en general, que se espantan del agua fría, les permito quebrantarla, añadiendo un poco de agua templada en invierno, sobre todo en las primeras prácticas, y elevar hasta 19 grados C. la temperatura del aposento.* (*) Tratándose de grados de temperatura C. significa Centígrados.

Respecto de los grados de temperatura, duración del tratamiento etc., en las prácticas que requieran agua caliente, daremos las prescripciones que deban observarse en cada caso particular. Tocante a las prácticas con agua fria, creo oportuno ampliar los detalles que se dan en la tercera parte, con algunas reglas que deben observarse antes, en y después de la operación.

Nadie se someterá a tratamiento con agua fria hallándose escalofriado, a no ser que se preceptue lo contrario en el lugar respectivo. La operación se efectuará con toda la rapidez posible, aunque sin aceleramiento; y el mismo cuidado se tendrá al desnudarse y vestirse, dejando las operaciones secundarias de abotonarse, abrocharse etc. para después que todo el cuerpo esté bien cubierto.

Así, por ejemplo, un baño completo de agua fría, con la operación de vestirse y desnudarse, no durará más de 4 a 6 minutos. Con un poco de práctica se logra esto. Cuando en el presente trabajo señalamos para una operación 1 minuto, queremos significar la menor duración posible; si decimos de 2 a 3 minutos la impresión ha de ser más duradera. Baños de dos a tres segundos son de pura impresión.

En ninguna de las prácticas con agua fría se secará el cuerpo, fuera de la cabeza y las manos hasta la muñeca, con objeto de evitar la mojadura de las ropas al vestirse. Por el contrario, el resto del cuerpo se deja húmedo, cubriéndole, sin la menor dilación, con ropas secas a fin de impedir el contacto con el aire. Muchos juzgan inoportuno este procedimiento, por suponer que « andarán mojados» todo el día. Pero antes de emitir tan ligero juicio deben probarlo una vez siquiera y muy luego se convencerán de la bondad de mi consejo. La desecación del cuerpo exije frotaciones que, no siendo iguales en todas partes, producen desigualdades de temperatura siempre perjudiciales, particularmente a los débiles y enfermos. Muy al contrario, la humedad que se deja en el cutis desarrolla rápidamente un calor uniforme y altamente beneficioso. A la manera que cuando se echa agua en el fuego, el agua adherida al cutis sirve de combustible, por cuyo medio el calor interior aumenta rápidamente de intensidad. Hágase la prueba y se verá que no me equivoco ni exagero.

En cambio es condición indispensable para el buen resultado del tratamiento, que el paciente, después de cada operación, haga ejercicio, ya dando un paseo o dedicándose a trabajos corporales, hasta tanto que todas las partes del cuerpo estén completamente secas y hayan adquirido el grado normal da temperatura. Tan pronto como se empiece a sentir la reacción se remitirá un poco la rapidez del movimiento. Nadie mejor que el individuo comprenderá cuando ha llegado a ser normal la temperatura de su cuerpo, para dar por terminado el ejercicio. Aquellos pacientes que se acaloran y sudan fácilmente harán siempre un ejercicio más moderado, aunque, tengan que prolongarle; ya que, aun dentro de habitaciones caldeadas, es muy fácil, en tal estado, coger un enfriamiento y acatarrarse.

Por regla general, la duración mínima de un ejercicio, después de un tratamiento hidroterápico, será de un cuarto de hora, quedando a la elección del paciente si aquel ha de consistir en paseo o en trabajo corporal.

Respecto de las prácticas que obligan a guardar cama, especialmente los paños empapados y las envolturas, se dan las instrucciones oportunas en el lugar correspondiente a cada una. Si durante la operación se apodera de alguno el sueño, déjesele dormir tranquilamente, aunque haya transcurrido el tiempo marcado. En tales casos la mejor norma es dejar obrar a la sabia naturaleza.

Por paños entiendo siempre telas de cáñamo toscas y de granillo, y en ningún caso de hilo fino. Por consecuencia el pobre, que no tenga otra cosa a su disposición, puede suplirlos perfectamente con tela de costales, lona o tejidos análogos. Para lavar el cuerpo pueda emplearse igualmente un pedazo de tela burda, de lino o de cáñamo.

Por razones que he apuntado en la Introducción repruebo el uso de la lana para prendas de vestir que toquen a la piel. Pero la conceptúo excelente para mantas o cobertores, en las envolturas etc., en razón a la rapidez con que desarrolla gran cantidad de calor. Por la misma causa se recomienda en dichas prácticas el uso do cobertores de plumazón.

Las frotaciones, ya se hagan por medio de cepillos, con la mano o por otro procedimento, quedan proscritas en mi sistema hidroterápico, en razón a que los fines que con ellas se persiguen, pueden lograrse mejor de otra manera: El desarrollo de calor es más uniforme y simultáneo dejando sin secar el cuerpo; las camisas de tela tosca abren los poros y acrecientan la actividad de la piel, con la ventaja de que su acción es constante, dura día y noche y no algunos minutos como la del cepillo, que, además ocasiona pérdida de tiempo y de fuerzas. Cuando alguna vez prescribo un lavado fuerte entiendo por tal un simple lavado rápido de toda la parte sometida a tratamiento; porque el objeto principal que se persigue es humedecer, no la frotación.

Una observación más para terminar. La mayor parte de los pacientes se resisten a someterse a un tratamiento antes de acostarse, alegando que les ahuyenta el sueño; otros, por el contrario, prefieren esa hora, porque el baño les produce somnolencia. Por mi parte no recomiendo esa hora como la más adecuada, pero entiendo que este punto debe dejarse a la elección de cada uno, ya que nadie mejor que el interesado conoce su propia naturaleza.

En la primera parte de este librito se exponen los detalles especiales para cada tratamiento y en la tercera se enseña el uso de las prácticas hidroterápicas en las diferentes enfermedades, indicándose, al propio tiempo, cuales deben considerarse como prácticas completas y cuales son parciales o locales, que se aplican siempre combinadas o en unión con otras. He tenido también cuidado de señalar las prácticas que, como las de vapor, exigen especiales precauciones.

Hago punto final a estas observaciones generales, manifestando el deseo de que mi método hidroterápico contribuya a fortalecer más y más a los sanos y a devolver la salud a los enfermos, y entro de lleno en materia, exponiendo primeramente las prácticas que pueden seguirse para fortalecer el organismo, vulgo curtirse, y a seguida la reseña de los tratamientos hidraterápicos o prácticas que constituyen mi sistema curativo.

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